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Varios
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Algo sobre mí
Jacobo de Pedro Fernández nació en Madrid hace
veintibastantes años, aunque su padre es de un pueblo de
Segovia llamado Navas de Oro (donde suele hacer un frío
envidiable y donde no sé cuántos cochinillos asados nos
habremos comido ya) y su madre de otro de Toledo,
llamado Consuegra (cuyos molinos os sonarán de alguna postal
y donde no sé ya los kilos de mazapán que habremos comprado).
A los pocos
meses su familia se va a vivir a las afueras de Las Rozas
de Madrid, un sitio más o menos asequible, tranquilo y
cerca de la sierra, que, sin embargo, no quedaba demasiado
lejos de Madrid. Dicen mis padres que por aquel entonces no
pasaban autobuses y que la línea telefónica tenías que
pagártela hasta tu vivienda, porque no había. Hoy, todo el
término municipal de Las Rozas es una magna maraña de pisos,
chalés, más pisos, adosados, polígonos empresariales, más
pisos y dos o tres casas del pueblo antiguo, comunicada con
Madrid por una Carretera de La Coruña que todas las mañanas
y todas las tardes se satura de tráfico, y donde el precio
de los terrenos se ha multiplicado por infinito desde que
nosotros llegamos.
Dos años y
pico después de nacer Jacobo, probablemente por envidia,
nació su hermana Elisabet, a la que desde el
principio él pone todo tipo de motes (Espatís, Pirrino,
Puerquito, etc.). Completan la familia los gatos, pues
siempre ha habido alguno en nuestra casa.
Después de
"graduarse" en la guardería "Los piratas" (hoy tiene otro
nombre), una de las más cercanas de casa por aquella época
(estaba a "sólo" diez o quince minutos en coche), ingresa
junto con sus amiguetes de guardería en el Colegio San
Estanislao de Kostka (SEK) de Villanueva de la Cañada. Y
allí se tira desde Preescolar hasta 2º de Bachillerato
(tantos años oyendo hablar del imponente "COU" para que
justo cuando nos toca a nosotros cursarlo le cambien el
nombre...). Después de tantos años en el mismo colegio, es
grande el cariño con que lo recuerda, y muchos los
compañeros a los que sigue viendo con frecuencia.
Después de una
trayectoria escolar satisfactoria, Jacobo decide en el
último momento (pese a haber tenido mejores notas en Letras
que en Ciencias en la Selectividad) matricularse en
Industriales de la Universidad Politécnica de Madrid, no por un
convencimiento personal excesivo, sino por hacer la carrera
más completa posible y que tuviera medianamente que ver con
sus aficiones (la electrónica,
la imagen y el
sonido,
las telecomunicaciones, la informática...), a
las cuales, por cierto, se suman los dibujos animados
(especialmente los antiguos), la cultura japonesa y
también todo aquello que huela a retro (programas de
TV, música, etc).
Pero la
carrera lo desilusiona y se siente bastante perdido, lo
cual, unido a la deshumanización de una universidad como la
Politécnica de Madrid, así como a las molestias de tardar
hora y media en llegar a clase (si la Carretera de la Coruña
lo permitía, claro) y hora y media en volver, así como a
ciertas circunstancias personales que lo sumen en la
tristeza y el desinterés, decide marcharse a estudiar a
Ciudad Real.
El traslado a
Ciudad Real lo decide, nuevamente, atendiendo a consejos de
terceros, que le sugieren cursar la carrera de Caminos
(la carrera que estudió su padre) en una Escuela nueva,
pequeña y muy activa que, además, está a cinco minutos
andando de las residencias universitarias de la ciudad, que
además están parcialmente subvencionadas por la Junta de
Castilla-La Mancha.
Pero
nuevamente la carrera lo decepciona. Desde el principio tuvo
claro que ese tipo de materias no eran las que más le
llamaban la atención; y por otro lado estaba claro que la
expresión gráfica no era lo suyo. Pero durante algunos años
se mantiene en la carrera, aprobando asignaturas poco a
poco. Sin embargo, en un momento dado, presionado por la
frustración de no aprobar una asignatura (de enfoque
bastante práctico) que le había supuesto largas horas de
dedicación y muchas noches de insomnio (hasta el punto de
tener que acudir al médico por ser incapaz de dormir, noche
tras noche), decide dejar también esta carrera. Carrera que
desde el principio sabía que no era la suya y que, en esta
Escuela,
se enfoca desde una perspectiva mucho más intensa y
práctica, lo cual, creo, es una iniciativa interesante para
aquel que disfruta de la carrera, pero no para aquel que
tienes otros intereses y otras responsabilidades en la vida
y que no disfruta para nada pasando las noches y los fines
de semana en la Escuela, trabajando en grupo, calcando mapas
y trazando clotoides sobre ellos...
Con todo, no
se arrepiente de haberse marchado a Ciudad Real, una
ciudad fea y cutre más o menos como Las Rozas, pero pequeña, cómoda para
estudiar, bastante menos aglomerada y deshumanizada que
Madrid, que tiene un poquito de todo (la ventaja de ser una
capital de provincia), donde ya tiene grandes amistades (en
su propio pueblo no conoce ni al vecino de enfrente) y que
sólo está a cincuenta minutos de Madrid (en AVE). Porque a
Madrid sigue yendo muchos fines de semana, puesto que,
quieras o no, Ciudad Real se te queda muy pequeña algunas
veces (no hay ni un restaurante japonés, ya no emite M80
Radio y siempre compras en el mismo Mercadona).
Así que se
queda en Ciudad Real para estudiar Ingeniería Técnica en
Informática. Y la termina. Y por fin tiene un
título. Pero en plena crisis y considerando que la carrera
le ha gustado bastante, se pasa a la titulación Superior,
con la intención de convertirse en Ingeniero Superior en
Informática. Y de momento, en ello anda, compaginándolo como
puede (maldita la hora en que impusieron la metodología ECTS
"boloñesa") con un par de becas de colaboración que de
vez en cuando le dan un poco de guerra. A estas alturas es el
"abuelo" de la residencia universitaria, donde sigue
disfrutando de grandes momentos y de la compañía de grandes
personas, pero al mismo tiempo va descubriendo que, poco a
poco, uno empieza a valorar las cosas de diferente forma. Y
que la prudencia es una virtud que todos tardamos en
asimilar...
En cuanto a su
complicada forma de ser y de pensar, se declara introvertido
para cuestiones personales, pero charlatán (como demuestra
todo este texto) y payaso hasta cotas insuperables
cuando se encuentra en confianza; emocionalmente sensible;
avergonzado del mundo en el que vive; cabezón cuando
se le impone algo que no entiende o cuando le cambian de
golpe y porrazo los planes (cosas de no haber hecho la mili,
me dicen), pero enemigo
de
las broncas (y si las tiene, procura que a los dos minutos
se le pase el mosqueo). Loco de las antenas y los cables,
frecuentemente le regaña al ordenador porque no haga
lo que él quiere (sino más bien lo que él le manda, como
decía aquella máxima...).
No le gustan demasiado los políticos; no le gusta la
hipocresía; tiene el sueño demasiado ligero y con frecuencia
padece insomnio; es casi tan deportista como las
tortugas (aunque lleva una bicicleta con el escudo del
Madrid, y eso que pasa del fútbol) y baila más o menos como
los patos; le duelen las injusticias que se cometen y la
tranquilidad con la que se mata y se habla de la muerte; le
gustan los gatos (y cuanto más tontorrones,
mejor, jeje); le gusta el buen comer; cree en Dios
como quien cree en la Madre Naturaleza o en el Cosmos (es
decir, algo que no existe como tal, pero que conceptualmente
es el todo del que formamos parte); le resulta muy divertido
el idioma catalán; intenta poquito a poco aprender el
japonés; casi toda la vergonzosa programación de Telecinco
le revuelve las tripas
(¡con
lo que fue Telecinco!), como lo hace la indiferencia con la
que tiramos la basura al suelo; es un nostálgico
irremediable; sin gafas o lentillas no ve tres en un burro;
padece siempre un calor agónico; le molestan
enormemente el ruido, los golpes y la desconsideración; y se
declara incapaz de hacer pompas con los chicles.
Ah, le gusta viajar (especialmente solo o con amigos,
porque en familia es más incordio)
y hacer fotos (doscientos millones de fotos) de toda
ocasión que el día de mañana pueda parecerle interesante
recordar. Y, por si hay alguna leyendo esto, le caen
especialmente bien las chicas de espíritu tranquilo y
prudente pero con buen humor y unos cuantos dedos de frente,
especialmente si tienen el pelo oscuro y largo y no son
demasiado altas (que me dan miedo, jeje).
¿Y por qué "mazochungo"?
Bueno, aparte de porque soy así de payaso, porque resultaba
"mazo chungo" (demasiado difícil) encontrar un identificador
que no estuviera ya en uso cuando me hice la cuenta de
correo electrónico, hace ya sus años...
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